viernes, 24 de septiembre de 2010

El viajero


A su espalda quedan las huellas
de la vida: amor, sueños, olvido.
Nunca vuelve la mirada.
(Sabe que el pasado ha muerto.)
Ordena sus pasos
hacia el tiempo dormido,
con emoción muda y lágrima seca.
Su mirada no tiembla
ni quiebra su voz el secreto de los días.

El viajero vive -y muere- en el camino.
[De Cuaderno de sombras, 2001]

Imagen: Chema Madoz

viernes, 17 de septiembre de 2010

Desierto















Cerré los ojos mudos
para ver lo invisible.

Sentí la soledad amarga
y la ausencia que duele;
olvidé las espinas que hieren
y los sueños sin tiempo.

Cerré los ojos mudos
para escuchar mi alma.

[De Cuaderno de sombras, 2001]

Imagen: Ansel Adams

viernes, 10 de septiembre de 2010

El dolor de existir


Atesoras recuerdos del ayer.
(El tiempo devoró los años de tu vida.)
Te duelen las horas
que te aguardan, vértigo de sombras,
y temes los días que engulle la nada.
Sabes que el olvido es ausencia,
miedo que dura en la mirada
con tristeza infinita.
Ahora que existes sin excusa
ensaya tus plegarias:
el mar, o la vida, se vuelve tenebroso,
y el desierto acecha en cada esquina.
Pero no olvides el placer de lo vivido
ni desdeñes el suspiro del presente.

[De Cuaderno de sombras, 2001]


Imagen: Lucio Fontana

viernes, 3 de septiembre de 2010

Alberto Caeiro medita sobre la existencia


Há metafísica bastante em não pensar em nada.
ALBERTO CAEIRO

Detrás de lo que ven mis ojos
nada existe. Mi ser
sólo goza con aquello que palpa
y mi mano es más real
que todas las teorías.


(No vivas
hacia dentro:
la sangre
se acobarda.)


Y tras la nebulosa de los días
una certeza me consuela:
saber que sólo para mí existe
cuanto roza mi existencia.

(Publicado en la revista Cuadernos del Matemático, 2001)


Imagen: Almada Negreiros

jueves, 1 de julio de 2010

Soledad




Los años de niebla hielan la sangre.
Las dudas mueren y el dolor solloza
entre silencios. La pena baila en el corazón
y una herida amarga derrota la mirada.
Aunque lo buscas, el amor no te encuentra:
sólo frío y muerte en el alma,
sólo negrura en la frente marchita.
El brillo de los ojos y un suspiro de manos
derraman lágrimas de oscuro dolor.
Y sólo la sombra besa tus párpados.
Y la mirada del tiempo dibuja
nubes rotas y vacíos amargos.
Y bucea el miedo en la fría ceniza
del deseo. Y el llanto es un suplicio
en el yunque del odio
o una flor de efímera belleza
en el crisol de la existencia.
Y la soledad aciaga
-diosa de los días y de las noches,
puta amarga-
esclaviza cuerpos y envenena almas.
 Y ya siempre el silencio
-un silencio de lágrimas lejanas-
siembra de mudos besos el mediodía infinito.

[De Cuaderno de sombras, 2001]


Imagen: Eugen Wisovsky

viernes, 25 de junio de 2010

Las raíces del tiempo


Nocturno silencio. Huele a otoño y a nostalgia amarga. ¡Cuánto pesan los sueños solo sueños! Años y años condenado a creer que el brillo de la vida nos espera tras los altozanos del tiempo. Y cuando llega ese instante -¡tanto tiempo somos ya!, ¡tan desvalido es nuestro ser!-, solo añoramos -oh, dicha suprema- los cándidos días lejanos, aquellos en que nuestro deseo era pura luz.

Huye el tiempo y solo nos queda respirar la eternidad de cada instante, de este instante, sin duda, en que sobre mí gravita lo que nunca seré, pese a todos los sueños.

[Publicado en la revista Cuadernos del Matemático, 2001]

viernes, 18 de junio de 2010

Las nieves de antaño



De la infancia recuerdo
la eternidad del día,
la constancia del río
y la palabra íntegra
(álamo, yunque, trigo),
la magia tenebrosa
del cine, el esplendor
gozoso de la nieve
y una emoción sin nombre
que huele a paraíso.


[Publicado en la revista Cuadernos del Matemático, 2001]